REGULACIÓN EMOCIONAL

¿Qué significa realmente regular nuestras emociones?

Regular una emoción no significa dejar de sentirla. Implica aprender a reconocer lo que ocurre, relacionarnos de otra manera con lo que sentimos y responder con mayor conciencia.


Últimamente hay algo que observo con cierta frecuencia y que me hace pensar.


Me ocurre en el metro, en un supermercado, caminando por la ciudad o incluso en lugares donde hay familias y muchos niños. Personas que no saludan, que parecen no registrar a quien tienen delante, que reaccionan con una agresividad desproporcionada frente a situaciones pequeñas, que gritan o simplemente atraviesan los espacios como si los otros no estuvieran ahí.


Y frente a estas escenas me he preguntado: ¿qué significa realmente regular nuestras emociones?


Porque quizás hemos entendido la regulación emocional de una manera demasiado individual.


Como si regular una emoción fuera únicamente aprender a calmarnos, respirar, controlar la ansiedad o evitar una explosión. Todo eso puede ser importante. Sin embargo, creo que hay otra dimensión que a veces dejamos fuera: qué hacemos con aquello que sentimos cuando entramos en relación con otros.


Podemos estar cansados, frustrados, preocupados o enojados. Eso forma parte de estar vivos. La pregunta no es si deberíamos dejar de sentirlo.


La pregunta es qué hacemos con eso.


¿Lo reconocemos?


¿Podemos observar qué nos está pasando antes de descargarlo sobre alguien?


¿Somos capaces de recordar que la persona que está frente a nosotros también tiene un día, una historia, dificultades, cansancio y emociones propias?


Es aquí donde para mí la regulación emocional comienza a conectarse con algo que va mucho más allá del individuo: la empatía y la convivencia.


Saludar. Esperar nuestro turno. Hablar sin agredir. Pedir permiso. Dar las gracias. Reconocer que hay niños observando cómo los adultos resolvemos nuestros conflictos. Percibir que compartimos un espacio con otras personas.


Son conductas sencillas. Incluso podríamos llamarlas normas sociales básicas.


Sin embargo, comienzo a preguntarme si detrás de algunas de ellas existe algo bastante más profundo: la capacidad de salir por un momento de nosotros mismos y reconocer que hay otro.


Quizás una sociedad más regulada emocionalmente no sería aquella donde nadie se enoja, se frustra o pierde alguna vez la paciencia. Eso sería poco humano.


Tal vez sería una sociedad donde podemos sentir intensamente sin olvidar que nuestras emociones también tienen consecuencias en quienes nos rodean.


Y en ese sentido, regularnos podría significar algo más que controlar una reacción.


Podría significar volver a conectar con nosotros mismos lo suficiente como para saber qué nos está ocurriendo y, al mismo tiempo, conservar la capacidad de mirar hacia afuera.


Porque quizás el problema no está solamente en que estamos más irritables.


Me pregunto si, en algunos momentos, estamos también menos conectados con nosotros mismos y menos disponibles para percibir al otro.


Y entonces algo tan pequeño como un saludo comienza a tener otro significado.


No es simplemente una formalidad.


Es una manera de decir: te vi. Sé que estás aquí. Compartimos, aunque sea durante unos segundos, este mismo espacio.


Quizás regular nuestras emociones también tenga algo que ver con eso.


Con aprender a habitar nuestros estados internos sin convertir a quienes nos rodean en el lugar donde descargarlos.


Y con recuperar ciertas formas sencillas de convivencia que, más que reglas de buena educación, podrían ser pequeñas expresiones cotidianas de humanidad.


¿Qué pasaría si comenzáramos a entender la regulación emocional no solo como una habilidad para sentirnos mejor nosotros, sino también como una manera de convivir mejor con los demás?


Referencias


Butler, E. A., Egloff, B., Wilhelm, F. H., Smith, N. C., Erickson, E. A., & Gross, J. J. (2003). The social consequences of expressive suppression. Emotion, 3(1), 48–67. https://doi.org/10.1037/1528-3542.3.1.48


Gross, J. J. (2002). Emotion regulation: Affective, cognitive, and social consequences. Psychophysiology, 39(3), 281–291. https://doi.org/10.1017/S0048577201393198


Gross, J. J. (2015). Emotion regulation: Current status and future prospects. Psychological Inquiry, 26(1), 1–26. https://doi.org/10.1080/1047840X.2014.940781